EDUCARLES CASI NUNCA ES REGALARLES LO QUE ELLOS QUIEREN…

“El juego lo lleva el niño siempre dentro de sí, es el tesoro de la imaginación”

¿el juego que le venden o el que le va a educar?Llegan las Navidades y con ello la compra de miles de regalos. Los juguetes de tus hijos, son una parte fundamental de su educación que tu puedes alimentar, de modo que no perdamos esa baza.

No hay más que ver la televisión durante el horario infantil para darse cuenta de la inmensa oferta de juguetes que ven, pero ¿Te has parado a pensar que tu hijo nunca va a dejar de jugar aunque no tenga el juguete de último modelo? Su imaginación se lo impide.

Muchas veces por falta de tiempo,  por no complicarnos o por no aguantar llantos, convertimos a nuestros hijos en dependientes de determinados juegos, muñecas, coches o modas, cuando en realidad aunque no quieran su imaginación les hará jugar con lo que sea.

Comprar juguetes no es fácil justamente porque la preocupación debe ser encontrar el juego que más se adapta al desarrollo motriz e intelectual de nuestro hijo. Son muy pocos los padres que aprovechan estas fiestas para regalarles un juego de manualidades para el desarrollo de su destreza y habilidad manual, un  juego de letras para reforzar su aprendizaje de la lectura, o cualquier juego de lógica básica o que el niño pueda necesitar para su desarrollo. Parecen no darse cuenta que si ellos no lo hacen no lo hará nadie, pues el resto de familia que no los educan siempre les regalarán lo que ellos pidan.

María asunción Prieto (Diputada de juventud) cuenta que se llenaron de juguetes dos habitaciones,  una con los juguetes mecánicos más sofisticados -trenes y autos dirigidos por radio, aviones y tanques eléctricos, animalitos y muñecos que saltaban y corrían, pájaros que cantaban, etc.-, otra con cajas, bloques, ladrillos, herramientas, mecanos, construcciones sencillas, etc. Luego se dejó libertad de elegir a un grupo de niños de diferentes edades. Durante los primeros días, todos se fueron a la habitación de los juguetes complicados. Pero después les llamó la atención la otra habitación. Y allí se quedaron. Durante semanas jugaron, construyeron y se entretuvieron. ¡Precisamente con esos juguetes elementales y sencillos que dejaban más campo a su iniciativa e imaginación!

Somos nosotros quienes debemos decidir mientras podamos, en qué queremos que nuestro hijo invierta su tiempo, porque recuerda que tenga una construcción o sólo un par de lápices, nuestro hijo nunca dejará de jugar pues su imaginación se lo impide.

Esa es la verdadera magia de los niños y que nosotros al hacernos mayores parecemos olvidar.

 

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